Siempre he pensado que esas chicas de portada de revista de Prêt-à-porter no eran todo lo perfectas que decían mis amigos. Mis chicas perfectas eran esas que iban de la talla 40 a la 46, y porqué no la 48 o la 50, con unos kilos de más, con las curvas prominentemente marcadas, donde uno pierde la razón cual conductor ebrio en una carretera sinuosa.
Estar gordita no tiene porqué ser feo. Todo lo contrario.
A esas chicas de verdad, en cuyos cuerpos se acentúan las redondeces y se subraya la belleza.
A ellas y, por supuesto a mi pareja, va este blog.